Comprar como gallegos
Que el presidente de la Xunta se gaste 170.000 euros en la instalación de una cristalera, perfectamente prescindible, puede ser, en estos momentos, una frivolidad. Incluso alguien lo puede considerar como una grave afrenta a los miles de ciudadanos que cada día se quedan sin trabajo. Sin embargo, a efectos prácticos, viene a resultar irrelevante: algo así como seis céntimos de euro por cada gallego. Es más el ruido que las nueces. Pero es precisamente el ruido lo que, en estos momentos previos a las elecciones del 1-M, cobra importancia. Es decir, conocer cómo y en qué se gastan o invierten los impuestos que todos los ciudadanos pagamos. Y no solamente los impuestos directos que se derivan de los ingresos de cada contribuyente y que anualmente se recogen en la correspondiente declaración del IRPF, sino los impuestos indirectos que todos soportamos como consecuencia de lo que consumimos, es decir, los impuestos estatales que gravan determinados productos (carburantes, tabaco, etc.) y el impuesto del valor añadido (IVA).
A este último (al IVA) quiero referirme, ya que su peculiar forma de recaudación y reparto puede llegar a condicionar los hábitos de consumo del ciudadano mínimamente concienciado y solidario. Me explico (o lo intento): a mí, como ciudadano gallego y español, no me resulta indiferente realizar la compra en un establecimiento Eroski, en un Mercadona o en un Gadis. En el primer caso, el IVA que estoy pagando al comprar, se recauda e ingresa directamente en la Hacienda del País Vasco; en el caso de Mercadona, aunque el IVA sea recaudado por el Estado, si llega a cumplirse lo establecido en el nuevo Estatut, es decir, la transferencia a Cataluña del 100 % del IVA, la totalidad del impuesto que estoy pagando en Galicia redundará únicamente en beneficio de los residentes en Cataluña.
Solamente tengo garantías de que el IVA que pago al hacer la compra es aplicado por el Estado con los criterios de solidaridad establecidos, sin tranferencia de riqueza a otras comunidades, cuando realizo mi compra en un establecimiento de un grupo radicado en Galicia, como puede ser un Gadis. Si esto es así como digo (ya me gustaría que alguien, por ejemplo el candidato Pérez Touriño me demostrase que es incierto lo que afirmo) cobra un especial protagonismo ese afortunado eslogan publicitario que ha desplegado precisamente el Grupo de Tojeiro, es decir, la cadena Gadis: «Vivamos como galegos». Yo lo completaría con «?»y compremos como galegos».




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